miércoles, 8 de abril de 2009

Calé, tuquis y la historia en Caracas

La marca comercial de unos "naix" impresiona al grupo reunido en una reconocida plaza. A todos les llama la atención, el "modelo" del zapato, recientemente comprado por un joven moreno, de estatura media y cuerpo de boxeador, que además llevaba pinta de "tuqui", o más bien, "reguetonero". "Yo soy senda lacra", sabe responder cuando le preguntan -¿quién eres? o ¿Qué representas?. "Me buscan burda las jevas, ellas saben lo que le gusta, y yo estoy para dárselo", continúa diciendo sin pena, y con cierta gracia, que a no todos le causa risa. El lleva unas clinejas y quienes le rodean -la mayoría amigos suyos- también.

"Yo escucho a Arcangel -cantante de reguetón- y, bueno, hasta me parezco a el; eso me han dicho las chicas, y yo por supuesto, le hago caso". Continúa diciendo: "yo llevo varios años con mi jevita, la que tengo ahorita, y ella ta´clara que yo soy su papi, pero a la hora del cambio, viene una nueva, y a esa es la que talfi, la que le ronca y voy palante", al preguntarle si tenía hijo(s), respondió raudo y soltando la carcajada, "mira mi pana, yo me cuido, sí señor, nada de tiradera por ahí sin condón, además uno nunca sabe si se contagia uno de sida o que sabe uno". Luego le entré por la música, pero no por los artistas, sino por lo que promueve ese género en los jóvenes. Mucha ha sido la crítica, que con respecto al reguetón se hace, desde la promoción de la violencia como del sexo a temprana edad. Quize preguntarle la edad que comenzó a tener relaciones sexuales, sacó una cuenta con la edad (22 años) que tiene, dividido entre el número de "jevas" con las que ha tenido sexo, y me dio a entender que había comenzado desde muy temprana edad, supuse finalmente que se había iniciado a los 15 años. Este muchacho, comenzó a hacerle preguntas a sus "el mío" o "menores" como normalmente se llaman, a veces en tono de broma, y convirtió, de esta manera, la entrevista suya, en un "focus group" -entrevista intergrupal.

Así pues se extendió la conversación a los seis muchachos que me rodeaban, estando junto a unos compañeros extranjeros, que me acompañaban. uno de ellos, comenzó a tomar nota, aunque le dije que tenía buena memoria para recordar lo que decían el sexteto reguetonero. "Yo soy el que tal, el que manda en mi barrio, en mi sector, por allá en Macarao, soy de los que tumban jevas si las veo por ahí sin dueño, no como cuento de malandro, yo tengo quiénme protege". Enseguida el giro de la conversación cambió, le pregunté entonces, que quién era ese protector, y el me dijo, con una sonrisa: el santo jaimito. Este santo que junto a otros, fueron "malandros" en décadas pasadas, ahora hacen parte de una corte cercana a la santera, denominada "Corte Calé". Los santos son imágenes con semejanzas a aquellos "malandros" viejos, que vivieron una época en la cual se peleaba por la existencia y/o defensa del barrio, éstos formaron las primeras bandas urbanas, cometiendo cualquier clase de delitos y hasta crímenes. "Estos santos, antes eran los que protegían al barrio, de la policía cuando llegaba a quitarno lo poco que teníamos" responde una señora, habitante de Pinto Salinas, una urbanización al norte de la ciudad de Caracas, lugar en donde realizamos varias entrevistas, luego del grupo focal, en la plaza al centro de la urbe.

Muchos son los santos que se invocan, y sus tumbas, de hecho se encuentran en un panteón reconocido de la ciudad, el Cementerio General del Sur. Un poco desgastado, por el tiempo, y descuidado por la negligencia de la alcaldía a la que pertenece, éste campo repleto de urnas y lápidas, sirve de templo, también, para los creyentes de esta corte "malandra" que no solo tiene por "fieles" a algunos jóvenes caraqueños y a otros sujetos que actúan al margen de la ley, sino a muchos ciudadanos con actividades diferentes. Haciéndose creyentes, a fin de protegerse de los "vivos" que obran para hacerles algún mal. Aquellos que gustan en hacer reverencia a la corte calé, es mencionándola con un "porro" de marihuana en su tumba, o fumar "a su lado", el mencionado cigarro, acompañado de tragos de anís en las tumbas de estos héroes urbanos, que son santos malandros, según dicen por estar fuera de las leyes cosmológicas de religiones más formales.

No obstante, también se señala que la corte calé hace sus favores como una manera de purificarse ante otras cortes santeras o espiritistas, como la corte de María Lionza o yemayá, en su nombre africano.


Por otra parte, hay jóvenes que han establecido una identidad o moda, de acuerdo a los santos de la corte calé. Muchos, por ejemplo los que pudimos constatar en Petare, cerca de la estación de metro, ya visten similar que uno santos como jaimito. Expresan con su ropa, una realidad juvenil, que se alterna entre vacilón, sexo y/o violencia. Puede que se trate de una mera corriente de la moda actual, o una manifestación radical, de la identidad cultural urbana en la cosmopolita Caracas, muy diversa y cambiante. Pero aún es posible, que se pueda hablar de una revolución cultural local, de barrio, que los medios comerciales no quieren reflejar. Así que, finalmente, dicho por estos "menores", hay que estar en la movida pa entrarle bien a la historia de esta ciudad. De regreso a la cueva de donde salgo todos los días, me despido para dejarles la sensación de que esta historia continuará.