Dennis Gorrín
La sociedad, y particularmente la venezolana ha logrado importantes avances en materia social, que reconocidos o no por ciertos actores de poder, tienen no solo un gran impacto en la población sino un calado importante en los beneficiados.
Desde que se ha considerado a la alimentación como un derecho, aproximadamente el 99 por ciento de los ciudadanos tenemos acceso a la alimentación, al menos dos comidas diarias, según las cifras del Insttuto Nacional de Nutrición, cifras que demuestran un incremento audaz en esta materia, en los últimos 15 años.
También se ha avanzado en materia de derechos sociales, entre los más resaltantes aquellos que como los de la mujer en Venezuela ha logrado un avance importante, aunque siendo realista falta más.
No cabe duda que la violencia en contra de la mujer es un tema que suena aún en las noticias, los artículos de opinión y en los programas radiales y televisados, y desde hace varios años, se han creados institutos del gobiernos.
Pero qué pasa con los mensajes de las telenovelas y otros productos mediáticos que son dañinos porque estimulan el machismo, no solo en los hombres sino, muy especialmente, en las mujeres.
De qué manera: pues mostrando a la mujer sumisa, a la mujer que quiere quitarle el marido al otro como si ese hombre fuera algún trofeo. Ni hablar de la pretendida, o en este caso pretendido hombre con plata, yate y mansión, deseado.
Qué acaso eso no enseña a amar al dinero, y por lo tanto la relación que se promociona es una de tipo mercantil, o para ser más específico una relación de la producción. El hombre resulta ser el capital y la mujer la mano de obra.
No hablamos de relaciones de opresión y peor aún de posesión en el sentido más salvaje, primitivo o neolítico.
Es hora de transformar esa visión exclavizante de la mujer, y por su puesto de los hombres, de tomar una decisión mucho más democrática en la familia en la sociedad. Porque independientemente del lugar en donde se esté, incluso en el encierro de la vida hogareña, también entablamos una relación de tipo social aunque más cercana y por lo tanto más eductiva, puesto que enseña.
No se puede mantener el discurso de la opresión en los medios, menos en la escuela y ni siquiera debería aparecer en el hogar, pero ni residuos de ese amor propietario, que ni es amor ni tampoco aporta a la solución de los problemas sociales y económicos de la familia.
El Estado debe tocar el fondo, donde precisamente está el poder del pueblo, la esencia revolucionaria, el genio de la revolución como lo señaló Fidel Castro en una de sus reflexiones escritas.
Por ello la importancia de un nuevo modelo educativo, de una enseñanaza en el hogar, de un sistema de salud integral que también forme y de un sistema judicial que no solo juzgue sino que enseñe, libere el razonamiento. (DG)
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