Dennis Gorrín Camacho
Estar y no estar. Lejos de mi o adentro de mí. Extraña sensación de soledad con un cierto apetito de conocimiento.
Un tanto vacío después de haberte dejado. Como si cualquier compañía me fuera inútil o banal.
Lo sé, reconozco que soy injusto, con quienes me rodean tal vez, a la verdad, me siento incómodo ya, después de un año de haberme alejado de ti.
Fue una decisión difícil, pero también no puedes dejar de admitir, que lo hice para probarme, para saber que podía ser yo mismo, autodeterminarme sin vivir solitario como dijera el poeta Benedetti.
Pero no ha cambiado mucho, casi nada, solo el poder ver las cosas a esa velocidad que me impresionaba por lo rápido, durante esos tiempos de paz que teníamos, así fuera en la autopista. Entre aburrirme, como antes de conocerte, y después de abandonar la adolescencia.
Fuiste una fase, donde transité por ti, y me hice más hombre, o simplemente, ser el mismo idiota a quien se le suma unos años más de experiencia.
Lo sé soy lo segundo, tuve el valor sí de darme un espacio, aún cuando juraba estar contigo siempre, aún cuando me pensaba contigo haciendo las cosas juntos o después de la jornada duro del trabajo y de la vida misma.
Yo te hice parte de mí, como quien ama a su amada, eso que dicen siempre las telenovelas, las novelas o los poetas.
Nos veíamos siempre, después de cada jornada, de estudio o de trabajo, estando solo contigo, o entre tus panas o los míos.
Yo, siendo lo mismo que antes, tú siempre llevándome por los nuevos senderos, como quien se ve poderoso transitando por los caminos de otros, o inventando nuevas veredas, o estático en la plaza bajo la lluvia fría de la Caracas de los húmedos inviernos.
Por dónde regreso a ti, cómo hago para encontrarte, cómo no vuelvo a sentirme ridículo aún estando lejos de ti. Y aunque parezca este grito algo trillado, no puedo no decirlo. Quería decirlo, y punto.
Esta no es una carta para que volvamos, no es una de esas de amor, realmente no soy bueno para ello, la frialdad es mi mejor manera de ser, pese a que, vivo en una ciudad tan caliente como inestable.
Pero no hay cuento que no valga para ser rechazado, todo se irá sumando, ese es mi lema en estos momentos en que vivo mis 23 años, aspirando verme próximamente a unos 20 años de hoy para recordarme este instante en el que decidí escribir un sentir de mi pensamiento, o un pensamiento de mi sentir.
Cualquiera sea de los dos ahora me pongo a describir un poco más, en vez de opinar por cada cosa que encuentre.
Veamos bien lo que ha venido sucediendo por estos días de lluvias, en el julio del 2010. Desde el mundo, las cosas no parecen estar mejor.
Cada país sufre las consecuencias de la crisis económica mundial, que tiene ganas de extenderse a lo político y cultural. Este planeta podría ser el espacio de una guerra nuclear de proporciones catastróficas.
En estos días me he puesto a pensar, nuevamente, en el Ser Humano como sujeto social, como humano, como animal, como materia, incluso. No hay descripción científica, positivista, crítica u holística, que me haga ver diferente esto que nos está sucediendo en el mundo habitable e inevitablemente único.
Todo indica que el hombre (por ahora las decisiones las siguen tomando los hombres) no es un ser humano, porque no vela por toda su especie, no es un animal porque al menos cada animal de la tierra asegura la vida a los miembros de su propia manada, y por instinto, se asegura en ella para protegerse mutuamente, no puede ser un material, porque realmente piensa y es capaz de sentir en ocasiones muy particulares.
Pero en fin esta disyuntiva no se muestra solucionable en este tiempo que vivimos.
Los hombres (vuelvo a la misma excusa anterior), no se asumen como tal, cada uno de nosotros puede ser en la vida, cualquier cosa menos hombres, desde ingeniero, artista hasta obrero.
Cada uno vive en una constante de crecimiento o progreso para alcanzar las cumbres de nuestro propio reconocimiento.
Queremos ser alguien muy alto para una sociedad que adora, sin ningún sentido, salvo por la sensación extraña de llegar a su puesto, por dinero, por estatus, o para ser alguien importante en la vida.
Yéndome a un extremo, no hay remedio para el hombre, para “la fiera que ruge y canta ciega, ese animal remoto que devora primaveras” como canta Silvio Rodríguez.
Lo único que puedo ver desde ahí, como solución posible, es el éxodo, terminar con la farsa que representa toda cultura humana. Vivir a nuestra intemperie, sin el temor a morir, ya que los magnates que hacen las guerras, quieren nuestra destrucción, y así vivir al natural, inventando lo que necesitamos, viviendo con nuestras carencias, pero cambiando el mundo para bien.
Pero qué tal si aún hay posibilidades de un cambio sin salirse de las ciudades, de lo hecho por los seres humanos (porque en esto sí participamos todos por igual), hasta ahora para vivir.
Lo digo ahora desde nuestra cómoda existencia, desde esta cultura humana (cuasi humana casi) donde todos tenemos la posibilidad a acceder a todo sin el mayor esfuerzo que el trabajo en conjunto, y protegernos mutuamente.
Qué pasaría si en lugar de pisar a los demás, dentro de estos espacios comunes de vida, comenzáramos (repito comenzáramos) a apoyarnos entre todos. Para lograr el progreso entre todos los que somos, es decir humanos.
Qué tal si de pronto nuestra cultura no solo fuese de competencias, aunque admito que los deportes me atraen con cierta firmeza.
Si Aprovechásemos cada labor del otro para hacer del mundo ese lugar mejor que soñamos de cuando en cuando, en nuestras cómodas existencias nocturnas.
Si esa energía infinita de nuestros pensamientos cuando se reúnen, se proyectara con el fin de trascender todos en conjunto, ayudándonos, acaso no destruiríamos la violencia que reina en nosotros.
Creo que nos sería inmenso, casi imposible recoger las de todos en una vida, pero que tal si todos hiciéramos ese esfuerzo. Las Comunas del Esfuerzo.
Se bien, que los pensamientos no son precisamente la realidad que nos toca vivir. Pero sí es el resultado de lo que vivimos, perdónenme los que saben esta reducción de una frase de Carlos Marx. Imaginemos pues otro mundo posible, que nos es necesario, porque este que tenemos, ya no nos es vivible, ni siquiera útil.
Me vuelvo a disculpar por lo extenso del texto, y también por prometerles no opinar el día de hoy, algún día les compensaré. (DGC)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario