Dennis Gorrín
Al señor Guillermo Zuloaga, le toca por fin enfrentar a las autoridades fiscales y judiciales venezolanas. No como un sujeto político, cuya careta ahora se terminó de caer delante de sus propias cámaras de Globovisión. Juzgado como un ciudadano más de la República Bolivariana de Venezuela, cuyas leyes el faltó.
Se trata de justicia, satisfacción de su sed de justicia que el pueblo por fin está viendo cumplirse, irónicamente, a través de todos los canales de Tv venezolanos. Justicia contra los especuladores informativos y de precios como los vehículos marca Chévrolet.
Pero las celebraciones son adelantadas, más aún cuando, se trata de un juicio contra un empresario criollo, que durante mucho tiempo, aseguraron para sí el poder de la justicia, haciéndose más injustas contra la gran mayoría del pueblo venezolano. Digo más, pagar por las extorsiones, los chantajes y las acusaciones amañadas, que él no solamente, está acostumbrado a hacer en contra de la patria en general, está marcando el fin de la plutocracia que aquí durante un largo período dominaron a la mayoría de aquí.
Nada fácil, pero es necesario ponerse del lado de los que han sufrido desde siempre las injustas sentencias del viejo esquema judicial cuarto-republicano. Pero con más rabia, son los medios de propaganda disfrazados como centros de noticias, quienes actúan como abogados de los caballeros de las mentiras. Descalificando a las autoridades judiciales nacionales, en defensa de empresarios y políticos viejos desmoralizados por su falta de amor patrio.
Ahora no solo queda abierto un juicio contra dos personalidades que representan lo mismo, uno contra los intereses de grandes corporaciones, donde el dinero y la extorsión juegan el rol esencial para denigrar la humanidad de cualquier hombre.
Delante de la opinión pública, que por tanto tiempo fue utilizada como excusa por los miembros de la sociedad privada de medios para lanzar contra ella sus contenidos extranjerizantes, no hay nada que esté oculto, porque dentro de ese esquema no todo resulta un efecto dominante, este es pasajero, pero queda la verdad por delante.
El régimen de propiedad privada no puede guardarse como secreto la fuente de su riqueza, más aún cuando este secreto afecta los intereses comunes del pueblo todo de Venezuela. No hay secreto para los venezolanos, mucho menos debe existir para el debido cumplimiento de la justicia nacional, que supongo deberá evaluar todo un prontuario contra Zuloaga y también para Álvarez P. (DGC)
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